Burbujas de Deseo

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Un Orgullo Gay Necesario

Que si es una feria, que si es una impúdica demostración de un sinsentido, que un ridículo pasacalle. Miles de frases en contra del Orgullo Gay. El día 2 de julio, se celebra en Madrid el orgullo gay más importante de Europa y uno de los mejores del mundo. Una fiesta que reivindica los derechos -tan aplastados en muchos países- del colectivo homosexual. Y este año, con la polémica de la Alcaldía de Madrid prohibiendo los conciertos en la mítica Plaza de Chueca. Demasiado ruido, demasiado alboroto. Caceroladas en contra y una residencia de ancianos por medio. No importa que sea la fiesta -con diferencia- que más público atrae a Madrid, que sean cerca de 50 millones de euros lo que esa demostración homosexual y fiesta deja en la capital de España. Todo son cortapisas, problemas y ganas de desmotivar a la gente. Como si el Orgullo, no hiciese falta celebrarlo. Como si ya todos los prejuicios, las reivindicaciones, no hiciesen falta. Desde aquí, proclamar nuestro Orgullo, nuestras ganas de luchar y  reivindicar, que aún queda mucho por hacer por las libertades, los derechos y el vivir con toda naturalidad el ser gay. Que no nos vengan con que también habría que celebrar un Orgullo hetero. A ellos, no los recriminan en bares, en calles, en parques por besarse, por ir caminando con las manos entrelazadas, por quererse, por sentirse. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Wamala Dennis, un activista ugandés, que ha estado estos días en España. Claro, aquello es Uganda y nada que ver con la maravillosa vida del homosexual occidental:

Para Wamala Dennis, el viaje que hizo hace unos días a España ha sido un oasis de calma después de unos meses frenéticos. Este activista gay de 26 años nacido en Kampala (Uganda) es director de programas de la ONG Icebreakers (rompehielos). “Es una metáfora que representa que queremos romper el aislamiento de los gais, lesbianas y transexuales”, dice.
El activista tiene muy reciente la sensación de peligro. “El parlamentario que lidera la propuesta de pedir la pena de muerte para las relaciones gais [David Bahati] volverá a discutirse en el Parlamento”, afirma convencido. La vez anterior que se debatió, hace un mes, “la presión internacional consiguió detenerla”. La internacional, y la local. “Pasamos dos días acampados delante del Congreso”, relata. “Para el presidente [Yoveri Museveni] el apoyo internacional es muy importante, él es nuestra esperanza, porque si el Congreso aprueba la ley, él tiene que ratificarla, y confiamos en que no lo haga”, cuenta.
Donde no espera tener mucho apoyo es en las organizaciones religiosas. “Los motivos de Bahati son religiosos. Él es evangelista y ellos están impulsando el odio”, dice. De otras confesiones, como la católica, lo mejor que puede decir es que “se han quedado al margen”. “Tienen otra estructura, son más jerárquicos, no nos apoyan, pero no han activado la persecución”, afirma.
No es que la situación en Uganda sea en estos momentos buena para gais y lesbianas. “Te pueden arrestar por una manifestación de cariño en público. A muchos les ha pasado, sobre todo a los jóvenes. Ellos no entienden que tienen que tener cuidado, que tienen que disimular”, relata.

Como prueba de esa violencia, Dennis cuenta que su organización “tiene que cambiar de sede cada poco tiempo. Ya nos han atacado dos veces. Cuando se enteran de a qué nos dedicamos, nos asaltan y nos lo destrozan todo. La última vez se llevaron los ordenadores”.
A cambio, medio en broma (y se permite pocos chistes), afirma que son tan pocos que “la mudanza es fácil”. “Todos somos voluntarios, y llevamos la ONG entre tres o cuatro. Pero atendemos a unas 100 o 120 personas al mes. Nadie paga una cuota, y casi todos los fondos vienen de un par de donantes. A la gente le cuesta acercarse porque no quieren que se les vea en nuestra organización”.
Este miedo hace que una de sus tareas principales, la prevención del VIH, sea muy difícil. Como ha explicado en Caixaforum en unas jornadas sobre los retos para el acceso a los tratamientos organizadas por Salud por Derecho, “la homofobia hace que sea muy difícil llegar a la población de hombres que tienen sexo con hombres. Están muy ocultos, nadie lo admite, y tienen miedo de ir a los servicios sanitarios porque les da vergüenza”.

Uganda, de hecho, es un país muy simbólico en la lucha contra el VIH. Hace 15 años, la tasa de infectados estaba en el 30% de los adultos (aunque esa cifra oficial se ha visto discutida después). “Ahora está en el 10%, pero está subiendo. Y, aunque afecta a toda la población, la proporción es mayor entre los hombres gais; por eso la situación es más peligrosa para ellos”, dice. En el país, teóricamente, todos los enfermos tienen derecho a recibir tratamiento gratis. “Pero primero tienen que atreverse a acercarse a un centro sanitario y luego hay problemas de suministro”, explica.
Esos inconvenientes llegan a algo tan básico como los preservativos y el lubricante. “Cuando viajamos, intentamos hacer acopio para poder repartirlos en nuestra sede”, dice. Por eso, Dennis no deja pasar la oportunidad de llevarse un par de cajas que le facilita la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales. “Es el mejor recuerdo de mi vista a España”.

Fuente: El País.