Burbujas de Deseo

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In Italia Sono Tutti Maschi: La Isla Gay De Benito Mussolini

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Es el sueño de todos los fascistas y dictadores: enviar a todos los homosexuales a una isla desierta y olvidarse de ellos. Tapar -según ellos- y esconder de sus autoritarias sociedades algo tan natural y bello como la homosexualidad. Así debió pensar Benito Mussolini en su Italia fascista de los años 40. Aunque peor fue Hitler con sus cámaras de gas y, hoy en día, la persecución de la homosexualidad en muchos países. No hace falta citarlos. Todos sabemos como tratan a los homosexuales en algunos países africanos o musulmanes. Pues bien, en dicha Italia mussoliana, se encarceló o confinó a un buen número de homosexuales en una pequeña isla llamada San Domino, en Tremitis, en el Mar Adriático. Según publica hoy BBC Mundo en un estupendo artículo: Hace 75 años, en la Italia fascista, un grupo de hombres gay fueron llamados “degenerados”, expulsados de sus hogares e internados en una isla, donde se los mantuvo bajo un régimen carcelario. Algunos de ellos, sin embargo, vivieron como una experiencia liberadora la vida en esa primera comunidad italiana abiertamente homosexual.

Cada verano los turistas son tentados por la belleza de un pequeño conjunto de islas rocosas en el mar Adriático.Pero recientemente un grupo de visitantes llegó al archipiélago de Tremiti no tanto para disfrutar de la paz y la calma de este remoto lugar, sino para recordar. Se trataba de activistas por los derechos de gays, lesbianas y transexuales.
Llegaron al lugar a celebrar una pequeña ceremonia, durante la que marcarían el vergonzoso episodio que tuvo lugar en las islas hace más de 70 años. En la década del 30 el archipiélago sirvió al plan de los fascistas de Benito Mussoilini de reprimir la homosexualidad. Los hombres gay socavaban la imagen que él quería proyectar de hombría italiana.
“El fascismo es un régimen viril. (En ese contexto ) los italianos deben ser fuertes, masculinos y es imposible que pueda existir la homosexualidad en un régimen fascista”, dice el profesor de historia de la Universidad de Bérgamo, Lorenzo Benadusi.
Así que la estrategia fue esconderlo lo más posible.No se promulgaron leyes discriminatorias, pero se creó un clima en que las exhibiciones abiertas de homosexualidad se reprimían vigorosamente.Un prefecto de la policía de la ciudad siciliana de Catania aprovechó el máximo ese estado de cosas.
“Notamos que muchos bailes, playas y lugares en las montañas reciben a muchos de estos hombres enfermos, y que jóvenes de todas las clases sociales buscan su compañía”, escribía.

Decia que estaba decidido a terminar con la “propagación de esta degeneración” en su ciudad “o al menos contener semejante aberración sexual, que ofende la moral y que es desastrosa para la salud pública y la mejora de la raza”.
Y decía más: “Este mal debe ser atacado y quemado desde dentro”. Así que en 1938, en Catania, fueron detenidos unos 45 hombres que se creía eran homosexuales y enviados al exilio interno.Terminaron a unos 600 kilómetros de allí, en la isla de San Domino, en Tremitis. Este episodio ha sido en buena parte olvidado.

Se cree que ninguno de los que sufrieron este castigo sigue vivo, y hay pocos relatos detallados de qué sucedió allí.Pero en el libro “La Isla y la Ciudad”, los investigadores Gianfranco Goretti y Tommaso Giartosi mencionan a decenas de hombres, no todos de Catania, enfrentando duras condiciones en San Domino.Llegaban esposados. Luego eran ubicados en grandes y espartanos dormitorios, sin electricidad o agua corriente.
“Nos daba curiosidad porque los llamaban ‘las niñas'”, dice Carmela Santoro, una isleña que era apenas una niña cuando los exiliados empezaron a llegar..”Íbamos a verlos bajar del bote… vestidos en verano con pantalones blancos, con sombreros”.”Y mirábamos con asombro, ‘mira a esa, ¡mira cómo se mueve!’; pero no teníamos contacto con ellos”.

Otro isleño, Attilio Carducci, recuerda cómo a las 8 de la noche, todos los días, sonaba una campana que señalaba el momento en que ya no podían salir.”Quedaban encerrados en sus dormitorios, vigilados por la policía”, dice. “Mi padre siempre hablaba bien de ellos. Nunca tenía nada malo que decir de ellos, y él era el representante local del fascismo”.Los prisioneros sabían que exponer su homosexualidad habría causado vergüenza y angustia a sus familias en casa, en pueblos y villas sumamente conservadores.Algo de ese sentir puede leerse en una carta de un pastor siciliano, que se estaba formando para ser cura cuando fue detenido.Rogando a las autoridades judiciales que lo dejaran ir a casa, escribía: “Imagine, Su Señoría, el pesar de mi amado padre. ¡Qué deshonra!””Exilio interno por cinco años. De sólo pensarlo me vuelvo loco”.El prisionero, identificado sólo como Orazio L., pidió que se le permitiera dejar la isla y “servir a la Patria” en el ejército.

“Convertirme en soldado y regresar al seminario para vivir en retiro es la única forma en que puedo reparar este escándalo y deshonra para mi familia”, escribió.Pero algunos de los testimonios de exexiliados dejan claro que la vida no era tan mala en San Domino.Parece ser que el régimen de prisión era relativamente relajado en lo cotidiano.En forma involuntaria los fascistas crearon un rincón de Italia donde se podía ser abiertamente gay.Por primera vez en sus vidas estos hombres fueron puestos en un lugar donde podían ser ellos mismos, libres del estigma que normalmente los acompañaba en la devota Italia de los 30.Algunos hombres gay fueron internados junto a prisioneros políticos en otras islas pequeñas, como Ustica y Lampedusa. Pero San Domino fue la única donde todos los exiliados eran gays.Es profundamente irónico que en la Italia de entonces sólo pudieran encontrar cierto grado de libertad en una isla-prisión.

El grupo de activistas por los derechos de gays y lesbianas que se reunió en el archipiélago días atrás colocó una placa en memoria de los exiliados.
Será un recordatorio permanente de la persecución de los homosexuales por parte de Mussolini.”Esto es necesario porque nadie habla de lo que pasó en esos años”, dijo uno de los activistas y parlamentario italiano, Ivan Scalfarotto.
Y el sufrimiento no ha terminado para la comunidad gay italiana, señala. Ya no son esposados y enviados a las islas, pero aún hoy siguen sin ser considerados ciudadanos “de primera”.Scalfarotto dice que en Italia todavía no hay un verdadero estigma social asociado a la homofobia y que el Estado no da derechos legales a ningún tipo de pareja gay o lesbiana.